Ángel Rodríguez: “Los días posteriores al Incendio no se podía guisar en las casas. Había que hacerlo en la calle”

 

Autor desconocido. Incendio de Santander. Vista de la calle Arcillero (desaparecida) tomada desde la calle del Arrabal, 1941, Colección Víctor del Campo Cruz, Centro de Documentación de la Imagen de Santander, CDIS, Ayuntamiento de Santander

Ángel Rodríguez Barbero (84 años) vivió con 9 años el Incendio de Santander, ciudad a la que había venido a vivir con su familia, desde Madrid, tan sólo un año antes. Estos son los recuerdos que ha relatado en el Taller de la Memoria realizado por el Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS):

Era sábado y, a las ocho de la tarde, Ángel fue a buscar a su madre a la salida de su trabajo, en la calle Daoiz y Velarde. El viento les impedía caminar con facilidad, cada vez que cruzaban alguna de las bocacalles de camino a su casa, en Vía Cornelia. Además, el aire estaba cargado de agua, según creyeron, de la Bahía.

Consiguieron llegar a casa y cuando se estaba secando, después del baño, sintió un fuerte estrépito. El viento había levantado la techumbre del lavadero público que había al principio de la calle.

A medida que iba avanzando la tarde, recuerda Ángel, ya venían vecinos y conocidos diciendo que había fuego y que se estaba propagando por la calle Cádiz. La gente estaba asustada, y la mayoría de los vecinos estaban concentrados en el portal. Cada vez que abrían la puerta para que entrase alguien, costaba mucho volver a cerrarla por el viento.

Una de las veces que se abrió la puerta, la gente se asustó muchísimo porque se vio cómo en el colegio de La Enseñanza había fuego, a pesar de que, en realidad, el edificio no se estaba quemando, sino que reflejaba las llamas del incendio que había en la ciudad.

Algunos de los vecinos se hicieron de un madero grueso que colocaron contra la puerta, por dentro, afianzándolo contra el primer escalón de la escalera. Esa noche, Ángel fue a casa de un vecino, que estaba en cama con sarampión, a hacerle compañía.

Al día siguiente, el padre de su vecino, que tenía un taller de máquinas de coser por las inmediaciones del cine Coliseum, pidió ayuda a la vecindad para que fuera a ayudarle a sacar máquinas y a tirar cosas. Ángel también fue a ayudar, aunque era un niño.

Además, recuerda que otro de los comercios que resultó dañado por el fuego de los que él conocía fue la sastrería o tienda de tejidos ‘Paco’, que después atendió en uno de los barracones que se instalaron en la Plaza de Pombo. Otro de los recuerdos que conserva la memoria de Ángel es el de la finca de doña Aurora Sañudo Rodríguez, que actualmente es todo el complejo de Juan XXIII. En esa finca había un árbol morera inmenso que daba unos frutos deliciosos y que fue arrancado por el viento.

El resurgir de la ciudad

Cuando ya se podía circular por el centro, a Ángel le llamó la atención que en un edificio detrás de Correos había un comercio con un trozo de escaparate donde había una botella verde retorcida a causa del fuego.

También cuenta que en los días posteriores no se podía guisar en las casas, sino que había que hacerlo en la calle, y que pudo ver la voladura de la casa del Sepi, que era una especie de centro comercial ubicado frente al solar que ocupaba la Plaza del Ayuntamiento.

Además, comenta que los desmontes y desescombro que se hicieron para volver a poner en pie la ciudad primero se hicieron con carros y posteriormente con camiones, pero todo a base de pico y pala porque no había máquinas ni herramientas.

Cuando se terminó el desescombro, lo que hoy es Peroniño era un solar de tierra arenosa, que era la que las mujeres usaban para fregar las maderas de los suelos y las mesas. Así que Ángel se dedicó a recoger esa arena y vendérsela a las señoras en botellas a cambio de una perra gorda.

Para que el comercio pudiera continuar con su actividad, se construyeron barracones en la zona de Correos, en la calle Isabel II, en los Jardines de Pereda, en la Plaza Pombo… Seis años después, cumplidos los 15, Ángel empezó a trabajar en Frysia y las oficinas estaban en uno de esos barracones, en la Plaza Pombo.

Respecto al realojo de los damnificados del Incendio, Ángel comenta que la gente se arregló como pudo, muchos de ellos fueron a vivir a casas de familiares, y también se construyeron viviendas sociales en Guevara, Peroniño…

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